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La advertencia fue clara: si la cooperación de Venezuela no llega por las buenas, Estados Unidos está preparado para imponerla por la fuerza. Marco Rubio dijo ante el Senado que la administración Trump espera que Delcy Rodríguez avance en los compromisos acordados —especialmente en abrir el sector energético a empresas estadounidenses—, pero advirtió que, si otros métodos fallan, la fuerza militar cuenta entre las opciones sobre la mesa.
Lo que Rubio presentó ante el Comité de Relaciones Exteriores no es una amenaza improvisada: forma parte del marco en el que Washington ya actúa en la región tras la operación estadounidense que terminó con la captura del presidente Nicolás Maduro a principios de enero.
Rubio afirmó que Delcy Rodríguez había dado señales de que abriría la industria petrolera venezolana a empresas estadounidenses, daría acceso preferente a producción y destinaría ingresos a compras en EE. UU. Pero añadió: "Estamos preparados para usar la fuerza para garantizar la máxima cooperación si otros métodos fracasan".
"Estamos preparados para usar la fuerza para garantizar la máxima cooperación si otros métodos fracasan". — Marco Rubio.
La combinación de captura de líderes, control del petróleo y ahora la admisión abierta de que la fuerza es una opción transforma lo que era una disputa geopolítica en un tablero con riesgo real de intervención sostenida.
Delcy Rodríguez respondió con dureza política: dijo que Venezuela ya tuvo suficiente de la injerencia estadounidense, mientras su gobierno enfrenta tensiones internas por reformas en el sector público y resistencia sindical.
En suma: la advertencia de Rubio es un síntoma y una escalada. Verbaliza la opción de la fuerza como parte de la caja de herramientas política. Lo que ocurra en las próximas semanas definirá si esto se queda en el ruido diplomático o desemboca en una nueva fase de intervención regional.
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