Balacera en Canadá: un pueblo pequeño frente a una tragedia masiva que sacude al país
La Asamblea chavista aprobó y la presidenta encargada Delcy Rodríguez firmó una reforma histórica de la Ley de Hidrocarburos que abre la industria petrolera a empresas privadas, reduce cargas fiscales y cede poder operativo sobre la exploración. Es un giro radical después de dos décadas de nacionalización.
La ley no es un ajuste de detalle: es una demolición de la vieja regla de hierro del chavismo. El texto aprobado permite a productores privados comercializar su propia producción, gestionar ingresos y asumir control operativo en campos que antes estaban en manos exclusivas de PDVSA.
En 2025 la producción venezolana volvió a niveles de alrededor de 1,1–1,2 millones de barriles por día, pero sigue muy lejos del pico histórico. En ese marco, la reforma busca acelerar inversiones otorgando garantías y permitiendo a las compañías operar con autonomía.
"La reforma avanzada con rapidez responde a la confluencia de la captura de Nicolás Maduro y la apertura táctica de la administración Trump".
Los próximos meses dirán si las empresas internacionales aceptan volver en serio y si Estados Unidos, China y Rusia encuentran espacio político para competir por contratos en un país que posee las mayores reservas del planeta.
Por ahora, la reforma es la señal más nítida de que el liderazgo actual apuesta por cambiar el modelo: pasar de la estatización total a una economía petrolera abierta. Es una transformación política y económica que exige vigilancia pública desde ya.
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